El Castillo

Recogemos el estudio de Altadill que asegura que la fortaleza de Labraza situada en una altura sobre el primitivo pueblo incorporado luego al moderno de San Cristóbal, jugó papel importante en las guerras fronterizas como se comprueba en la documentación que nos sirve de base al estudiar la información de este libro. El castillo constituía un alcázar-palacio situado en medio de un amplio recinto amurallado, al que salvaguardaban cuatro torres a no lejanas distancias, torreones defensivos, especie de atalayas o vigías. La situación que ocupa es un paraje eminente, estribación de los montes de Toloño y sierra de Codés, ambos en la línea fronteriza actual con Navarra al Oriente. Fue plaza de armas ocupando estratégica posición, amparada por robustas y altas montañas y formidables murallas que circundando a la población hacen de ella una de las fortalezas más respetables de la comarca en aquellos tiempos, cuando todavía, si bien se ensayaba el armamento de fuego, las fortificaciones tan imponentes podían constituir un dique respetable al ejército permanente. Su escudo de armas, dividido en dos cuarteles, ostenta en el derecho un gran castillo amparado por San Miguel, patrono de la villa; y el izquierdo nos presenta una espada empuñada por dos brazos, alusivos a Navarra y Castilla probablemente. Del siglo XIII nos constan como alcaides de este castillo los dos siguientes: en 1206, D. Diego Alvarez, el mismo que gobernó a Laguardia en 1208 y 1210, encontrándose en 1218 al frente del castillo de Los Arcos. En 1277 (30 de enero) prestó juramento a la reina D.ª Juana por el castillo de Labraza el caballero Remiro Gil de los Arcos. En 1294, don Rodrigo Fernándiz de Medrano, por designación de los reyes D. Felipe I y D.ª Juana su esposa. Los ulteriores alcaides que nos constan de esta magnífica fortaleza, según datos del Archivo del Reino navarro, salvo omisión involuntaria, son los siguientes: Año 1300 a 1305, D. Guillermo de Bessançon (Bessanzone), con sueldo de VII libras y 35 cahices de trigo; 1305 y 1306, D. Lope Díaz de Ezperun (sueldo, XIII libras) (1.ª vez); 1309 a 1313, D. Martín Ferrándiz de Medrano; 1314 y 1315, D. Lupo Didaci de Ezperun (VI libras de sueldo 2.ª vez); 1316 a 1319, D. Johan de Buti, que perduraba en 1321; 1321 a 1330, D. Didaco Ferrándiz de Bakedano; 1331 a 1339, D. Juan de Buti (2.ª vez); 1340 a 1341, Don Diego Lópiz de Oyón (por muerte de Juan de Buti); 1341 a 1348, D. Remiro Gil de Sarasa; 1349 y 1350, el mismo; y al fallecer éste, se encargó del castillo una Comunidad del vecindario, como había acontecido en la fortaleza de Artajona. En 1367 lo regía Pedro de Baquedano. En su tiempo, cuando la alerta general del año 1366, se mandó reparar la torre mayor, que amenazaba ruina, a costa de las ayudas que pagaba la villa. Por entonces, el mazonero Juan Gil informó, tras haberla reconocido, que podía aguantar un año sin derrumbarse. En 1375 tenía ya el alcaidío Juan García. Más tarde, en 1384, el rey dio 200 libras para reedificar los muros de la fortaleza. Carlos III, en 1422, concedió a la villa remisión parcial de cuarteles y alcabalas, para que empleasen el dinero en la reparación de los muros y fortaleza. En 1431 se instaló en el castillo una ballesta de sinfonía, que costó 16 florines. Poco después, se pagaba también un cañón, comprado en Pamplona por 24 libras, que se emplazó en el recinto para defenderse del asedio castellano. En 1450 padeció la villa en un nuevo ataque de las huestes de Castilla. Al fin, en 1461, los castellanos se apoderaron del lugar y del castillo, que ya no volvería a la corona de Navarra (Gran Enciclopedia de Navarra )